Bagdad celebra dimisión de primer ministro mientras sigue violencia en el sur

El primer ministro de Irak, Adel Abdelmahdi. EFE/ Noufal Ibrahim/Archivo

Bagdad, 29 nov (EFE).- Los manifestantes de Bagdad celebraron este viernes la dimisión del primer ministro, Adel Abdelmahdi, que acabó cediendo a la presión de la calle después de que los principales líderes chiíes le retiraran el apoyo tras otra jornada de violencia en el sur del país y después de casi dos meses de protestas.

Después de otro día marcado por la escalada de la violencia en la ciudad sureña de Nasiriya, en el sur de Irak, donde ayer murieron 30 personas, las principales autoridades chiíes y líderes políticos retiraron la confianza al primer ministro, que se vio abocado a dimitir.

«Presentaré al estimado parlamento una carta oficial para pedir mi dimisión de la presidencia del actual Gobierno para que la Cámara pueda reconsiderar sus decisiones», anunció Abdelmahdi en un comunicado difundido por su oficina de prensa.

La agencia de noticias estatal INA informó hoy de que el próximo domingo tendrá lugar una «sesión especial» del Parlamento iraquí, aunque no especificó si en esa sesión el primer ministro formalizará su dimisión.

La jornada de ayer fue clave. Después de que los manifestantes irrumpieran en el consulado de Irán en la ciudad sureña de Nayaf la noche del miércoles, las protestas continuaron al día siguiente y dejaron al menos ocho muertos en esa localidad y unos 30 en Nasiriya.

Hoy se repitieron los choques en Nasiriya y al menos 16 manifestantes murieron y más de 100 resultaron heridos en una nueva oleada represiva.

Precisamente, Abdelmahdi aseguró que decidió dimitir tras haber escuchado el discurso de la máxima autoridad religiosa chií de Irak, el ayatolá Ali al Sistani, que este mediodía condenó la violencia en el sur e invitó a los parlamentarios a reconsiderar su apoyo al Gobierno, al que calificó de «incompetente».

También reaccionaron y secundaron el discurso del líder espiritual el ex primer ministro y líder de la coalición Al Nasr, Haidar al Abadi, y el clérigo chií que encabeza la alianza Sairún, Muqtada al Sadr, los representantes de las dos formaciones con más escaños en el Parlamento iraquí, que pidieron una moción de censura.

Al Sadr, además, aseguró hoy en un comunicado que la dimisión de Abdelmahdi es «el primer fruto de la revolución, pero no el último», y advirtió de que la renuncia del primer ministro «no significa el fin de la corrupción», otra de las demandas de las protestas.

Importantes figuras chiíes como Al Sadr y sobre todo Al Sistani -máxima autoridad religiosa de esa rama en Irak- han apoyado las manifestaciones, mientras que los movimientos Al Fath y Estado Derecho, del ex primer ministro Nuri al Maliki, han sido blanco de las críticas de los manifestantes por su cercanía a Irán.

Al mismo tiempo que las televisiones y medios locales se hacían eco de las palabras del primer ministro, los manifestantes que se concentraron en las calles y plazas de Bagdad estallaron en gritos de alegría al ver que una de sus demandas fue cumplida después de casi dos meses de protestas, que han dejado alrededor de 400 muertos.

En la céntrica plaza Tahrir de la capital, un emocionado Kazem al Maydi aseguró a Efe de que la dimisión de Abdelmahdi es «lo mínimo que podía hacer» y «un primer paso para cambiar el sistema político corrupto que gobierna el país».

«Nos alegra la dimisión, a pesar del gran dolor que vivimos después de que sus fuerzas hayan matado a nuestros hermanos en Nasiriya y Nayaf con sangre fría», lamenta a Efe Abu Mohamed en Tahrir, quien recuerda uno de los episodios más sangrientos que ha vivido Irak desde el inicio de las protestas el pasado 1 de octubre.

Desde principios del mes pasado, los manifestantes piden un cambio de Gobierno al considerarlo corrupto y responsable de la mala gestión de los recursos y problemas económicos del país, sobre todo en el sur rico en petróleo donde la población no se beneficia del oro negro.

Mientras la capital estaba de celebración por la renuncia del primer ministro, en el sur los enfrentamientos continuaron en Nasiriya y la cifra de muertos aumentó a 46 en dos días después de otra día sangriento.

«Claramente, la alegría por la dimisión es grande, pero nuestra alegría será mayor cuando se les pidan cuentas (a las fuerzas de seguridad) por los asesinatos, y a los corruptos», aseveró Raed Rahim, un activista, en la plaza Tahrir de Bagdad, mientras miles de manifestantes bailaban y celebran la caída del primer ministro.