Empresas ecuatorianas se abren paso en el competitivo mundo de las fintech

Empresas ecuatorianas se abren paso en el competitivo mundo de las fintech 

Registro de los jóvenes trabajadores de la compañía Kushki, en Quito (Ecuador). EFE/Kevin Vélez Guerrero

Quito, 3 dic (EFE).- En un mundo cambiante de servicios financieros alternativos, y cuando los mecanismos transaccionales proliferan hasta convertirse en un punto de quiebre frente a una parte de las actividades bancarias, las fintech ecuatorianas reclaman su espacio en el área latinoamericana.

La exclusión financiera y las mayores regulaciones bancarias hacen de estas fintech una opción promisoria en la que no pocas empresas del país -de hecho de todo el continente- tratan de poner un pie.

La tecnología permite unir a empresas con el sistema financiero para procesar pagos en línea y facilitar «un mayor acceso a la bancarización», explicó este martes a Efe Daniela Espinosa, gerente general de la ecuatoriana Kushki, que en quichua significa «dinero».

Estas plataformas tecnológicas de pagos permiten a las empresas ejecutar sus cobros en línea con rapidez y seguridad, tanto para las compañías como para el cliente, agregó la ejecutiva.

Según el V Informe de Inclusión Financiera de la Federación Latinoamericana de Banca (Felaban), «desde hace aproximadamente 8 años el mundo viene viendo acelerados cambios tanto en la forma de ofrecer servicios financieros como en la forma de consumir los mismos».

«Para muchos nos encontramos en medio de un punto de quiebre frente a los modelos tradicionales y la nueva manera de entregar créditos, pagar cuentas o depositar nuestros ahorros», agrega el informe presentado este lunes en el V Congreso Latinoamericano de Educación e Inclusión Financiera, que se celebra en Quito.

El sector de las fintech en Ecuador está aún en una situación de considerable retraso con respecto a otros países del continente y en 2017 solo se contabilizaron 31 compañías de este tipo. Su crecimiento, sin embargo, es vertiginoso.

Kushki, que nació hace tres años y medio como microempresa, tiene ahora oficinas en México, Colombia, Perú y Chile, y en 2020 prevé expandirse a Brasil, Panamá y Guatemala.

Con software nacional y un centenar de empleados en los cinco países, este emprendimiento lo lanzaron los ecuatorianos Aron Schwarzkopf, Sebastián Castro y la propia Espinosa.

Es una de las fintech que «ha tenido mayor crecimiento en Latinoamérica» recientemente, asegura esta última al destacar el reto que representa llegar a cada país y acoplarse a sus reglamentos y sistemas nacionales.

Y es que los canales por los que pasan los pagos y transacciones en estos casos no son homogéneos, por lo que se hace necesario «tropicalizar» el servicio ofrecido y «estandarizar la carretera de pagos en Latinoamérica».

«Queremos que un cliente se conecte a través nuestro y pueda procesar pagos en todos los países», indicó Espinosa.

Las fintech de Latinoamérica crecieron más del 66 % en la región desde la última medición del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Finnovista, hasta alcanzar un total de 1.166 empresas, según el reporte «Fintech América Latina 2018: Crecimiento y consolidación».

Las plataformas dedicadas al pago y transferencias suponen un 24 % del total, un punto porcentual por detrás de las que ofrecen préstamos y financiación colectiva o «crowdfunding».

En el caso de Kushki, se manejan gracias a una descentralización de funciones: Ecuador acoge su área de Operaciones, Colombia su Servicio al Cliente y México la sección Financiera.

En sus inicios, el sistema financiero tradicional veía con suspicacia a estas fintech por considerarlas competencia, aunque en el último tiempo, según la ejecutiva ecuatoriana, se ven fuertes indicios de alianzas.

Con doce años de experiencia en banca, Espinosa describe la necesidad de «un mundo más colaborativo», de «asociación» entre todos los actores del sistema financiero.

En el fulgurante crecimiento de las fintech ha jugado un papel primordial el comercio electrónico, con todos los requisitos de seguridad que se demandan en el pago con tarjetas.

Kushki tiene por ejemplo la licencia «nivel uno» del Payment Card Industry (PCI), dice Espinosa en referencia al Estándar de Seguridad de Datos para la Industria de Tarjeta de Pago y ente regulador a nivel mundial que rige la seguridad de la información.

Casi el 70 % de la población en América Latina tiene menos de 39 años, por lo que son nativos digitales, y ofrecer respuestas al 30 % restante es otro de los retos para estas empresas.

Lo importante, señala la ejecutiva ecuatoriana, es que todos «entiendan que el norte es la tecnología», que estamos ante una «revolución industrial» e instó a las compañías a «sumarse a esta ola tecnológica o vendrán empresas tecnológicas de otro (lugar) y te quitarán el mercado porque no hay fronteras en tecnología».

Una de las iniciativas de esta firma en ese sentido es impulsar el conocimiento de forma integral, desde las aulas, y trabaja con las universidades para incentivar carreras de tecnología de sistemas.

Una brecha generacional en la que combina, casa adentro, la fuerza e innovación de los milenials con la experiencia de los mayores, en una relación laboral horizontal y sin rangos.

Hasta el momento, y en medio de la profusión de empresas fintech, Kushki ha captado una cartera de 400 clientes, que pretende ampliar a otras naciones en la región antes de plantearse avanzar hacia Europa.

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