Publicado el 24/02/2026 por Administrador
Vistas: 8
Diana Salazar Méndez, nacida en Ibarra en 1981, se despidió oficialmente del cargo de Fiscal General del Estado el 20 de mayo de 2025, cerrando un capítulo histórico para la justicia ecuatoriana. Su renuncia, aunque anticipada por amenazas y presiones externas, reafirma su convicción de que el poder no se ejerce eternamente y que la institucionalidad debe prevalecer sobre las individualidades.
Su carrera se construyó desde los cimientos. Inició como asistente en la Fiscalía en 2001, y con constancia y méritos propios, logró ascender hasta convertirse en la primera mujer afroecuatoriana en ocupar el máximo cargo del Ministerio Público en 2019. Durante seis años al frente de la institución, lideró procesos emblemáticos que desmantelaron entramados de corrupción en las altas esferas del poder político y judicial.
Entre los casos más relevantes que dirigió están el "Caso Sobornos", que llevó a la condena del expresidente Rafael Correa, y el reciente "Caso Metástasis", una compleja red de corrupción y narcotráfico enquistada en la justicia y la policía nacional. Estas investigaciones colocaron a Ecuador en el mapa internacional de la lucha contra la impunidad.
Salazar cuenta con una sólida formación académica: es licenciada en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Central del Ecuador y posee una maestría en Derecho Procesal Penal. También realizó estudios de especialización en Derechos Humanos y Derecho Penal Económico, lo que reforzó su visión técnica y ética de la justicia.
En 2024, fue reconocida por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo. También recibió el reconocimiento "Mensajera de la Paz" por parte de la ONU, destacando su valentía y firmeza en un entorno plagado de amenazas. Su gestión, aunque polémica para algunos sectores, fue aplaudida por organizaciones sociales, empresariales e internacionales.
No estuvo exenta de controversias. En su último año al frente de la Fiscalía enfrentó intentos de juicio político y acusaciones de supuesto plagio en su tesis, las cuales fueron desestimadas por la Universidad Central. A pesar de las adversidades, se mantuvo firme, confiando en que la transparencia y el trabajo hablarían por sí mismos.
En su discurso final, pronunció una frase que resonó en todo el país: “Aferrarse a los cargos no le hace bien al país”. Y con esa convicción, anunció su retiro del país, dejando encaminadas investigaciones clave y un legado difícil de igualar.
Actualmente, el cargo de Fiscal General es ocupado de manera subrogante por Wilson Toainga, mientras la Asamblea Nacional se prepara para nombrar a un nuevo titular. La salida de Salazar deja una huella profunda en la justicia ecuatoriana, marcando un antes y un después en la lucha institucional contra la corrupción y el crimen organizado.