Publicado el 23/07/2025 por Administrador
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La Sociedad de Periodistas de la agencia internacional AFP ha lanzado una alarmante advertencia: sus colaboradores en Gaza podrían morir de hambre si no reciben ayuda inmediata. La denuncia, realizada este lunes, refleja el extremo deterioro de las condiciones de vida en el enclave palestino, donde el colapso humanitario ha rebasado incluso a quienes se encargan de contar la historia.
La agencia mantiene operativa una reducida plantilla local compuesta por camarógrafos, fotógrafos y un redactor, todos ellos residentes en Gaza, donde la cobertura internacional directa está bloqueada. Estos periodistas no solo enfrentan el riesgo constante de los bombardeos, sino que ahora también deben luchar por sobrevivir al hambre.
Según el gremio interno de periodistas de AFP, sus compañeros reciben su salario con normalidad, pero esto no es suficiente para conseguir alimentos en un territorio donde los precios se han disparado y la comida simplemente ha desaparecido de los mercados. Las escenas de desnutrición ya no son ajenas ni para quienes trabajan para medios globales.
Uno de los fotógrafos de la agencia confesó que ha perdido más de 20 kilos desde el inicio del conflicto, y que se encuentra física y mentalmente exhausto. Relató que recientemente perdió a un familiar por causas directamente relacionadas con la desnutrición. “Cada día salimos a cubrir la guerra, pero nuestro verdadero enemigo es el hambre”, dijo.
La situación de estos comunicadores refleja una de las caras más dramáticas de la guerra: el colapso total de la vida civil. No se trata solo de una crisis de alimentos, sino del derrumbe de todas las estructuras que permiten a una sociedad mantenerse en pie, incluyendo la libertad de prensa y la integridad física de los reporteros.
Ante este panorama, AFP ha solicitado con urgencia la evacuación de su equipo y sus familias, aunque reconoce las enormes dificultades logísticas que implica salir de Gaza, especialmente por el férreo control de los pasos fronterizos y la inseguridad constante.
Otras agencias internacionales han expresado su preocupación y están gestionando medios para apoyar a sus equipos sobre el terreno. Sin embargo, el acceso humanitario continúa siendo escaso y errático, y los corredores seguros son casi inexistentes.
La situación ha sido catalogada como una “emergencia absoluta” por parte de organismos de derechos humanos. Reportan que miles de personas en Gaza han muerto no por ataques directos, sino por falta de comida y agua, un escenario que recuerda las peores crisis humanitarias del siglo XXI.
La voz de alarma de la AFP también ha puesto sobre la mesa una discusión ética de fondo: ¿cómo se puede informar desde un lugar donde la vida misma pende de un hilo? ¿Hasta dónde puede llegar el compromiso periodístico cuando el hambre se convierte en una amenaza más letal que las bombas?
Desde Gaza, los propios periodistas piden algo más que solidaridad: exigen acciones concretas. “No pedimos privilegios, solo la posibilidad de vivir y seguir informando”, dijo una camarógrafa de la agencia, visiblemente afectada por la situación.
En tanto no haya un cambio real en el acceso a la ayuda humanitaria y se garantice la protección de los comunicadores, la comunidad internacional se enfrenta al riesgo de quedarse sin ojos ni voz dentro de un conflicto que ya ha cobrado miles de vidas.